El yoga y el Pilates son socios naturales. Mientras el Pilates se centra en el fortalecimiento preciso y controlado del core y los músculos posturales, el yoga añade movimiento centrado en la respiración, estiramiento profundo y una calidad meditativa que mejora la recuperación y la conciencia corporal.
La Postura del Niño (Balasana) es un reinicio esencial después del intenso trabajo abdominal del Pilates. Alarga suavemente la columna, libera la tensión de la cadera y calma el sistema nervioso. Mantenerla durante dos a tres minutos después de una sesión promueve la recuperación activa.
El Perro Boca Abajo (Adho Mukha Svanasana) se basa en la estabilidad del hombro e isquiotibiales desarrollada en el Pilates. Estira simultáneamente la cadena posterior y desarrolla la resistencia de la parte superior del cuerpo. Practícala como una postura de transición entre secuencias.
La Postura del Palomo (Eka Pada Rajakapotasana) es el abridor de cadera definitivo y un contrapeso perfecto para el trabajo de los flexores de cadera requerido en muchos ejercicios de Pilates. Agrégala a tu rutina de enfriamiento tres o cuatro veces por semana y notarás una mejora significativa en la movilidad de la cadera.